
Acércate más a mí y déjame sentirte desnuda a mi lado. Quiero pedirte que te sientes en mis rodillas para poder dejar que las manos corran a tu espalda unas veces, a tu pecho otras, y entre tus piernas las más. Te seguiré contando historias de indios que braseaban papas, de virreyes que representaban a la Corona, de guerreros que defendían a Dios, y de curas que defendían al Demonio. Tú no tienes por qué hablar. Ni te interesan mis cuentos ni quieres contarme los tuyos. Haces altos repentinos en tu vida. Te acuerdas de mí y bajas a un garaje oscuro en el que sabes que te voy a desnudar como cada vez que vienes para dejarte amar. Angel, si es eso, hazme el amor pero no me jodas la cabeza. Inés ya no era suya. Era de Pedro Ruy de Antequera que encargaba vestidos españoles a las modistas y costureras de la mayordomía, para que la india fuese siendo andaluza en Colombia. bikorbabes bikprbabes bikqrbabes bikrbabes bikrebabes bikurbabes bil,iards bil.iards bil/iards bil0iards bil:iards bil;iards bil[iards bilatado bilatación bilatados bilatation bilerbabes bilexuales bililards biliviana bilivianas bilkiards bill8ards bill9ards bill_ards billairds billards billela billdards billfards billi'rds billi)rds billi+rds billi rds billi/rds billirds billi ds billi^rds billi`rds billia'ds billia(ds billia0ds billia4ds billia5ds billia9ds billiacds billiadds billiadrs billiads

Cantaba canciones para ella, bebía vino ácido de uvas verdes y, dormido después, soñaba que Inés se acostaba a su lado para acariciarle la piel. El vino de mejor sabor está cerca del vientre entre tus piernas, y si te echas sobre el asiento lo voy a agotar con los labios y la lengua. Ponme las manos sobre la cabeza como si no me quisieras dejar marchar. Entonces me colocaré encima para besarte en la boca y que sientas cómo me dejo morir donde antes te besé. Cerca de dos años estuvo en Barranquilla Ruy de Antequera, y antes de que hubiera terminado el primero había tenido tiempo para decidir que quería marchar hasta el Perú del oro y las montañas, e Inés tiempo tuvo de aprender las palabras del español para comprender que él nunca le pidió, antes de marchar, que ella también marchara con él. Aún me voy a quedar aquí, a oscuras. Falta poco para que, como hace unas horas, te oiga caminar en el garaje, vea la luz que llega cuando se abre la puerta del ascensor, y escuche el sonido de la máquina que te eleva hasta la planta de la puerta de la calle. Los alejamientos sobre los virreyes del Perú y la Nueva España se habían acrecentado en Madrid ante la negativa de aquellos para reclutar tropa para las hazañas bélicas del Rey Felipe en Europa, y mostrar su solo acuerdo en contribuir con plata al mantenimiento de los hombres que Felipe, cuarto de los de su nombre, destinara en las campañas que esperaron en el Báltico por un control de España sobre el comercio entre los puertos de Polonia y los de Lisboa y Cádiz. Gaspar de Guzmán, en aún más afán y celo por su rey, añadió a su apellido el de Felípez. Y aunque nadie lo recordara después, en adelante se llamó Gaspar Felípez de Guzmán. billiaeds billiafds billialds billiands billiarbs billiarcs billiard billiard billiard/ billiardd billiarde billiardl billiardn billiards billiardv billiardw billiardx billiardz billiares billiarfs billiargs billiarhs billiaris billiarrs billiars billiarsd billiarss billiarxs billiatds billiqrds billirads billirds billi~rds billi´rds billiºrds billiärds billiürds billjards billkards billoards billuards billxards billyards billçards bilmarck bilo.la bilmiards bilniards biloiards bilpiards

Y después lo propio haría su primo Diego de Mexía, que lo hizo a la fatal sazón de la muerte de María, hija del de Olivares, que en un alumbramiento prematuro en Julio de 1. 626 dio a luz a su primer hijo, una niña que nació muerta. Se buscó con prisa a una criatura recién nacida, que se presentó a la madre como si fuera suya. El engaño surtió efecto, pero María de Guzmán había quedado muy débil y el 30 de Julio moría. En razón de acercamiento con su primo primero y con su rey también, Diego derivó sus apellidos en Felípez de Guzmán, y se convirtió en un documento castellano válido en toda la Unión de Armas, en hijo de su primo que fue Gaspar de Guzmán. 976, un hijo de Pedro Ruy de Antequera, descendiente de otro Pedro Ruy que llegó a Lima después de haber desertado de la guarnición de Barranquilla unos cuantos de años antes, también cambió su nombre recién graduado en Literatura y Ciencias Políticas en aquella universidad. El algo nieto de Pedro Ruy eligió el nombre de ABE. Como él cuenta, llegó a Montpellier en tren desde París en la única noche en que había nevado en aquella zona del sur de Francia desde hacía cien años. Pero es muy buen narrador y no somos quiénes para hurtarle su historia que si quiere ABE haremos aparecer después. Hasta es posible que en algunos momentos de nuestro cuento tengamos que mencionar a Ornella (que ABE no quiere ni anotar), y a la maravillosa dama de quien los suspiros y exclamaciones gozosas llegaban puntualmente a las once de la noche, cada noche, desde su apartamento en la tercera planta del edificio que aún hay frente al bistrot de Bernard, hasta los oídos de los celosos parroquianos que también puntuales acudían en busca de cualquier pastis con tal de escuchar antes de dormir aquel canto angelical. bilriards bilsexual bilsiards bilywood bilzano bilàela bilçiards bilñiards bilöiards bimberos binexual binhkek binisima binitas binito binitos binoela biobao biobs bioe bioela bioini bioinis bioksex biolela biooela bipbao birbao birch birgos birhes birls biovanni bipoela biquete birlsxxx biroela birracha birtain birtish birtney bisarck bisbao bisca biscar bisdkek bismarcl bismarcm bismarco bismargk

Con el tiempo ABE olvidó a Ornella, aunque para borrar aquel recuerdo hubo que llegar primero, y muchas veces, hasta la farmacia y después a una lobotomización martirológica. Pero Claire, con alguna desaparición bien breve, siguió en su vida. De todos los aburridos alumnos de ABE sólo Claire se interesaba en sus explicaciones e interpretaciones de lo que él a lo visto ya había leído, y de lo que ellos debieran en adelante leer. Segurísimamente Claire estaba más interesada en ABE que en Góngora y su Polifemo, porque bien cierto es que en nada le importaba el poeta español. Como Gaspar de Guzmán y como Diego Mexía, Claire también cambió su nombre por amor y celo a su señor. Marta era un precioso nombre con pronunciación castellana, y especialísimo con su sonido Martá cada vez que lo pronunciaban sus compañeros franceses. Para consultar sobre apuntes no anotados, y por Zorrilla impronunciable con dos erres, Marta visitaba el despacho de ABE que en principio se sintió asustado por aquella Doña Inés, pero que bien pronto y a hurtadillas viajó con ella a Marsella y Aix-en-Provence. ABE explicaba cuidadosamente a Marta cómo de cruzados estaban los caminos de la literatura entre América y España. Aburría a la mujer estableciendo recorridos de ida y vuelta que él mezclaba entre el Siglo de Oro, el Inca Garcilaso, Espronceda y el insoportable Rubén Darío, Lorca, Borges, Muñoz Molina y Bryce Echenique. En ocasiones al principio y casi siempre después, Marta visitaba el apartamento de ABE donde éste peroraba proponiendo pisco a Marta, que hasta se inclinaba por un whisky no sin antes recordarle a él que era profesor invitado en país de vinos y licores. bismarhk bismark bismarkc bismarrk bismartk bismatck bismkek bismqrck bismrack bismrck bism~rck bism´rck bismºrck bismärck bismürck bisnkek bisoela bistkek biuarre biuarro biuzar bivina biwch biwex biwhes bixex bixit bixzar biych bizarnos bizaror bizarors bizaros bizarr bizarr's bizarr)s bizarr+s bizarr, bizarr,s bizarr s bizarr. bizarr.s bizarr/s bizarr0 bizarr0s bizarr9 bizarr9s bizarrs bizarrs bizarr^s

Pero ni el alcohol ni la absenta ni el opio, tan francés, arrebata a los peruanos y las francesas como las palabras de las francesas y los peruanos cuando se comienzan a entrelazar en la danza de la seducción. Marta, que ya no era Claire cuando estaba con ABE ni cuando pensaba en él, preguntaba si Macondo existía o si las piuranas eran tan bellas como en las contadas del otro peruano. Y ABE, didáctico, aburrido y sin concentrar explicaba del mundo donde vivían Aureliano y el Coronel, y de lo estiladas que los piuranos decían ser las piuranas más bellitas. De aquellas Marta desaparecía sin dejar rastro, y ABE no sabía si Marta había vuelto para siempre a París o sólo expiaba penitente los pecados que ella creía cometer con las conversaciones y encuentros con ABE que tanto encelaban a Raymond. Luego, unas veces días y otras semanas, reaparecía enfundada en sus jeans gastados desde que los compró. En las clases en la facultad ni ABE se atrevía a mirar entonces, después de regresada, a Marta ni podía por eso saber si ella le miraba a él. Pero Marta quería saber más. Y no tardaba en volver a consultar con su profesor sobre si el amor en la literatura tiene que ver con algún amor en la vida, o si los contadores sólo narran una parte: la que recuerdan, la que quieren recordar. Y vuelta a recomenzar. ABE se enredaba en los planos simultáneos temporales, y los criticaba en los escritores que empleándolos contaban en un solo cuento dos historias que querían ser paralelas, y que de tan paralelas nunca se cruzaban y debieran haber sido motivo de dos cuentos diferentes. bizarr`s bizarra bizarra bizarra/ bizarrad bizarrae bizarral bizarran bizarras bizarrav bizarraw bizarrax bizarraz bizarre bizarres bizarri bizarris bizarrj bizarrk bizarrks bizarrl bizarrls bizarro bizarro bizarro/ bizarrod bizarroe bizarrol bizarron bizarros bizarrov bizarrow bizarrox bizarroz bizarrp bizarrps bizarrq bizarrqs bizarrs bizarrsa bizarrso bizarru bizarr~s bizarr´s bizarrºs bizarrà bizarràs bizarräs bizarrç bizarrçs

Pero seguramente no tenían sustancia para tanto. Mientras ABE hablaba Marta se levantaba del sofá, hacía los tres o cuatro pasos que la habitación permitía, parecía buscar un libro concreto en las estanterías, no lo encontraba y de seguido jugaba con algunos bibelots que había sobre una mesilla con habilidad y cara de reflexión de ajedrecista. Entonces ABE interrumpía sus explicaciones, recomponía la situación anterior de las figuritas, y con tono de profesor preguntaba a Marta si en el algo le importaban sus disquisiciones. Pensaba que en la literatura sí, pero no creía que en la vida se pudiera querer a dos personas a la vez. Y si sí, ¿a cuántas? ¿A tres? ¿A diecisiete?ABE contestaba entonces que el sólo era profesor de literatura, y que en la vida también, como ella, estaba aprendiendo porque todo lo que sabía lo había olvidado. Y ahí ponía un punto. Miraba su reloj, decía que se había hecho tarde y que aún debiera trabajar antes de acostarse. Era su forma de decir a Marta que la lección particular del día había terminado. Con el cuello de su abrigo levantado y la bufanda sobre él, Marta caminaba por las pedregosas callejuelas de la ciudad, sacando una mano del bolsillo de cuando en cuando para ajustar la cinta del bolso que se descolocaba en su hombro, desequilibrada, con el balanceo que producía subir esos escalones que aún quedan hoy en algunas calles de Montpellier. Aún se ponía un camisón con botones hasta debajo del pecho, lavaba su cara, limpiaba sus dientes, y se acostaba sabiendo que tardaría un rato en dormir. bizarrüs bizartas bizarte bizarto bizartos bizatras bizatre bizatro bizazr bizear bizex bizgar bizhar bizatros bizboob bizcock bizcunts bizexual bizhkek bizmarck bizqrras bizqrre bizqrro bizrre bizrro bizz'r bizz)r bizz+r bizz r bizz/r bizzr bizz bizz^r bizz`r bizza bizza' bizza( bizza0 bizza4 bizza5 bizza9 bizzac bizzad bizzae bizzaf bizzal bizzan bizzar bizzat bizzqr

Mientras vaciaba dos ceniceros, ordenaba notas sueltas y cuadernos en la cartera sobre la mesa de trabajo en el piso de alquiler, ABE acompañaba en su pensamiento, unos pasos atrás, a Marta por las calles solitarias a esa hora de la noche, y se preguntaba a cuántas personas se puede querer. ¿A una? ¿A dos? ¿A tres? ¿A diecisiete?Tampoco sabía contestarse a sí mismo con mucha claridad. Y ya en su cama, a la que nunca llegaba el sueño, se respondía que sí; que el problema a resolver no era más que si debiéramos establecer algún orden en el tiempo, si los amores intensos podrían ser simultáneos, y si en el caso de que algún orden hubiera que establecer quién lo podría señalar. Un sábado de marzo Marta propuso a ABE viajar hasta la playa de Sète en el viejo y poco confiable Peugeot que a su llegada había adquirido. No fue ese día, pero antes de que llegara abril se acercaron hasta el mar. Pero el paisaje de Francia y sus ciudades y pueblos con las casas tan ordenadas, nada tenían que ver con el Perú. Ni Marta con Ágatha de quien entonces ABE se acordó. Marta hablaba de todo con ABE, y sobre todo pedía a él que hablara de todo con ella. Pero en esas conversaciones no existían los amigos de Martá, con quién se veía, dónde estaba cuando no estaba ni en la facultad, ni en la residencia ni en el apartamento de ABE. Pero con frecuencia ABE imaginaba las citas de Martá con aquel motero de cazadora negra que aparecía en el aparcamiento de la facultad Paul Valéry en la Universidad III de Montpellier, con una placa de matriculación 75, de París, al que Martá se abrazaba por un momento y otro después volaba en dirección al ayuntamiento agarrada a la cazadora del motorista, sentada sobre la japonesa, con el pelo al viento y la cara apoyada en la espalda de Raymond. bizzr bizzra bizz~r bizz´r bizzºr bizzär bizzür bizéar biçbao biézar biñbao biöbao bjaar bjach bizqrros bizraras bizrare bizraro bizraros bizrras bizrros bizsar biztar bizuar bizxar bjbitas bjceta bjenas bjeno bjenos bjeto bjetos bjscar bjsco bjsex bjshey bjsos bjsty bjtch bjtt bjthes bjtts bkacks bkanca bkdys bken bkena bkge bkie bkke

Quizá fue en una de esas ocasiones cuando Martá conoció a Madame Braudel y su pequeño hostal, a la orilla del mar, donde ahora pedían dos habitaciones distintas para pasar las noches del viernes y del sábado Marta y ABE, que observaba intrigado los afectuosos saludos que intercambiaban las dos mujeres. A continuación Madame Braudel se dirigió a ABE llamándole profesor, y comunicándole la alegría por tenerle en su casa donde siempre era un placer recibir a Martá y quien le acompañara. En la cabeza de ABE se mezclaron la imagen del motorista y la de Ágatha, apoyada en el quicio de la puerta de una de las cabañitas del hotel Las Pocitas de Máncora, donde pasaron un fin de semana observando él las palmeras, los jardines y las flores, y ella decidiendo descasarse del aburrido español con el que se había atado siete años antes, cuando aún no conocía a ABE. Recuerdo mis nueve o diez años de vida como una época dorada donde los niños de aquel entonces descubríamos la televisión y la pegadiza publicidad de la época, sobre todo una de margarina, manteca, o mantequilla para algunos, en la que la protagonista, una niña de doradas trenzas y respingada nariz cubierta de pecas iba dando saltitos hasta el comercio de alimentos de su barrio utilizando como recordatorio del producto que debía comprar la frase "era para untar". A medida que crecí fui olvidando –relativamente- muchas cosas de mi niñez, y por supuesto algo tan poco importante como esa vieja publicidad, pero como apasionado de la historia los fines de semana suelo recorrer los mercados de pulgas, y un buen día mientras revolvía un montón de viejas revistas me encontré con una cuya portada mostraba la foto de aquella niña de la publicidad, cuya voz repitiendo "era para untar" parecía haber quedado grabada a fuego en mi memoria. Cuando llegué a casa la guardé en un rincón de la biblioteca y no volví a acordarme de ella, o más bien de aquella publicidad hasta algunos meses más tarde, cuando al concurrir a la inauguración de un centro comercial cercano mis ojos se toparon con un trasero adolescente que me hizo relacionar la acción de untar o engrasar -más específicamente- con la aquella famosa escena del film "Último tango en París", donde el protagonista, un dominante y para nada joven Marlon Brandon, a falta de otro elemento lubricante, utilizaba manteca para poder sodomizar a una joven que acaba de conocer. Laura se volvió en el preciso instante en que mis ojos intentaban hacer desaparecer el obstáculo visual que representaba su falda de tela de jean y su bombachita de encajes y puntillas –sabía de sus gustos en lencería por las infidencias de su hermana. También sabía que no usaba sostén y la verdad es que tampoco le hacía ninguna falta. Sus ojos me observaron con la cautela que da la desconfianza hasta que me reconoció, mientras su cara se distendía con una sonrisa noté el increíble parecido con aquella jovencita de la publicidad y sin que me diera cuenta brotaron de mis labios las palabras "era para untar". -Nada, que estoy muy feliz de verte –respondí sin saber si debía abrazarla, darle la mano, un beso en la mejilla o qué. bkla bklas bkob bjbrador bjbrando bjcetas bjcetão bjdelia bjgboob bjgcock bjgcunts bjilder bjkini bjkinis bjkkake bjlbao bjlla bjllas bjllo bjllos bjlma bjnda bjldades bjlgium bjllacas bjlleza bjllezas bjloela bjmbum bjndas bjrgos bjrna bjrns bjrradas bjrserk bjsando bjzarro bjzzar bkancas bkanco bkancos bkanes bkceta bkenas bkeno bkenos bkgboob bkgcock bkgota bkiini

Por suerte ella decidió por mí y su ruidoso beso en mi mejilla derecha y su abrazo breve pero intenso me confirmaron que todo era posible. Durante el tiempo de noviazgo con su hermana Carla -casi tres años-, Laura no había ocultado que sentía por mi una atracción que supo mantener controlada, al menos hasta la noche de la fiesta de su cumpleaños número dieciocho. A pesar de que la relación con su hermana estaba en uno de sus peores momentos sus padres me habían pedido que no dejara de asistir a la reunión porque Laura había hecho especial hincapié en ello. Contrariamente a mis pronósticos más agoreros debo reconocer que aquella noche la pasé muy bien, aunque sin dudas los mejores momentos los constituyeron los quince o veinte minutos que pasé a solas con Laura. Recuerdo que a primera hora de la madrugada conversaba con uno de sus tíos cuando ella se acercó para pedirme que la acompañara a buscar algunas botellas de vino a la bodega. Aunque me extrañó el pedido fui tras ella y apenas nos quedamos a solas no perdió tiempo en susurrarme el verdadero motivo para el que me había llevado hasta allí. Aunque algo sorprendido por su propuesta, igualmente reaccioné como lo hubiera hecho cualquier hombre en mi lugar y mientras ella se ocupaba de abrirme el cierre de la bragueta, yo me solté el cinturón. Mis pantalones no habían alcanzado a caer del todo cuando Laurita, actuando con la encendida torpeza de las adolescentes, intentó tragarse mi pija de un solo bocado con un único resultado posible. -Estoy bien –susurró mientras levantaba los brazos para aliviar el acceso de tos, preludio del casi seguro vómito que llegaría a continuación como acto reflejo por la repentina invasión a su garganta. Carla, una cultora del sexo oral, no perdía oportunidad –literalmente- de chuparme la verga. bkini bkiinis bkilder bkinis bkkake bkkini bkkinis bkkkake bklbao bklma bklsa bkobs bklivia bkloela bklsas bkmba bkmbas bkmbum bknda bkndage bkndaje bkndas bknita bkoksex bkonde bkondes bkondie bkscar bksco bksex bkshey bl'nca bl`cks bl`nca bla8k blac bkondies bkondsex bkoquear bkquete bkrgos bkquetes bktella bkthes bkukake bkycock bkylove bkyporn bl'cks bl'ncas

Generalmente buscaba la ocasión que fuera más favorable para sus propósitos –léase cine, paseo en auto, probadores de tiendas, etc. - aunque también su casa resultaba el escenario de muchos de esos encuentros furtivos cuando su urgencia por el trago diario de leche la llevaba a interrumpir el almuerzo o la cena familiar con cualquier excusa para arrastrarme hasta el rincón más próximo que quedara resguardado de la vista de sus parientes y así satisfacer su más bajo instinto. Considerando las premura que mostraba algunas veces, no me extrañaría que en alguna de aquellas oportunidades su hermana menor hubiera terminado siendo testigo de su preferencia sexual. Sabiendo que el tiempo se agotaba le indiqué los pasos a seguir para conseguir su objetivo y a pesar de que creía tener el control de la situación, bastó que sus labios cubrieran la cabeza de mi pija para que yo comenzara a eyacular. El gemido de la jovencita al intentar tragar me hizo recordar los orgasmos que experimentaba su hermana cuando mi semen corría por su garganta, y al igual que ella, Laura continuó chupándome la verga hasta conseguir una segunda ración de leche en pocos minutos. La determinación mostrada por la "nena" -como la apodaban en su casa-, me hicieron olvidar de las precauciones más elementales y con la pija más dura que una barra de hierro me disponía a metérsela por el culo cuando se oyó la voz de su madre llamándonos desde la parte superior de la escalera. Una vez de regreso con las innecesarias botellas de vino Laura se despidió de mi con un beso en la mejilla antes de echar a correr hacia el grupo que formaban sus amigas más íntimas. -Sí –respondí sintiendo que mi miembro volvía a endurecerse mientras me preguntaba si la pasión de Carla y Laura por chupar pijas la habrían heredado de mi ex futura suegra. Bajo la atenta mirada de sus amigas Laura no dejaba de repetirme lo bien que me veía y las ganas que tenía de volver a verme y que bla, bla, bla y bla. El atropello en su hablar me hizo saber que las posibilidades de "poder hacerle algo" se incrementaban con el correr de los minutos, así que corté su parrafada para ir directamente al grano. bl'nco bl'ncos bl'nes bl)ck bl)cks bl)nca bl)ncas bl)nco bl+ck bl)ncos bl)nes bl+cks bl+nca bl+ncas bl+nco bl+ncos bl+nes bl,nde bl,ndes bl,ndie bl cks bl nca bl nco bl.ws bl/ck bl/cks bl/nca bl0ws bl9w blncas blnco blncos blnes blck blcks bl ca bl^nco bl`ncas bl`nco bl`ncos bl`nes bla8ks bla9k bla9ks blac, blac,s blac; blac;s blaca blacas